20 semanas
En unos días habrá elecciones. Los cínicos eternos se pelean por la torta mientras la mayoría apenas puede probar el pan duro. Nosotros vamos como podemos, como siempre, contentos por no ser menos, ansiando poder ser más. La próxima, sí, la próxima. Los afiches dicen unite, encuentro, pueblo, y tengo esa sensación de no poder. Entonces siento que te estás moviendo. Y la historia se detiene.
El viento voló las chapas de la mentira, desnudó los cimientos podridos de un reino donde el soberano es verde, tiene la cara del viejo George y no sabe de piedad. No sólo la basura huele a podrido; la tierra de la libertad no es más que un inmenso basural donde las ratas más grandes viven a placer. Pero los muertos son siempre los mismos, los descalzos, los que gritan frente a los sordos, los que no tienen cómo escapar. Entonces siento que te estás moviendo. Y el viento deja de soplar.
Los sueldos son una burla, el queso es para gerentes, ya no alcanza con las 8 o las 10 horas. Los hospitales son una caldera, los docentes están en asamblea, la calle es un polvorín y en cualquier momento alguien va a prender la mecha. Repartir la riqueza, recuperar la dignidad, canasta básica para todos, piqueteros carajo, por Kosteki y Santillán. Entonces siento que te estás moviendo. Y las agujas ya no giran.
En un rato voy a escribir esas líneas. En unas horas tendré una idea brillante. Más tarde voy a dormir, y a soñar lo de siempre. Mañana trataré de ser mejor persona de lo que fui hoy. Pero ahora no hay nada. Nada más en el mundo que vos, yo y estas lágrimas.

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