Más vale que falte que que sobre
¿Por qué las colonias americanas de Inglaterra se transformaron en la mayor potencia del mundo y las de España quedaron estancadas en el subdesarrollo? ¿La "sangre anglosajona" es mejor que la "sangre latina"?
La respuesta de Milcíades Peña en "Antes de Mayo" aporta mucha claridad. Nuestro problema, señores y señores, es la "maldición de la abundancia fácil". Sufrimos por tener tierras fértiles, de esas en las que las semillas crecen solas y las vacas se multiplican aún si querer.
¿Cómo es esto? La primera aclaración que hay que hacer, es que Estados Unidos no tuvo un desarrollo igual en todo su territorio: el sur del país era muy parecido a Latinoamérica. O, en realidad, a las zonas más cálidas de Latinoamérica: grandes extensiones de tierra cultivadas por esclavos africanos y explotadas por un puñado de propietarios que se dedicaban más al ocio que al trabajo. El sur de la gran potencia del norte compartió nuestro origen y nuestras falencias, y con ellos nuestro atraso, pero su derrota en la Guerra de Secesión lo obligó a adoptar el sistema de organización de los norteños y su destino cambió. Cambió a medias, porque ya vimos gracias al Katrina que hay millones de personas viviendo en la pobreza aún en el país de la abundancia.
Las diferencias dentro de la propia colonia inglesa desestiman la hipótesis de la "herencia" social, esa que utiliza términos infectológicos para decir que norteamérica recibió de Inglaterra los gérmenes del capitalismo burgués mientras que al sur llegaron los gérmenes feudales españoles.
¿Entonces? Entonces, la respuesta es que, mientras que en el sur los inmigrantes europeos encontraron grandes extensiones de tierra fértil y millones de indios capaces de trabajarlas, los ingleses que llegaron en el Mayflower se vieron en una tierra que requería trabajo intensivo y se explotaba mejor dividida en parcelas pequeñas y, como los indios de aquel sector del continente preferían la muerte antes que el sometimiento y los esclavos no rendían en cultivos a pequeña escala, tuvieron que hacer el trabajo ellos mismos. Imaginemos el cuadro: en la parte sur del continente pequeñas élites de manos impecables se dedicaban a aumentar a pasos agigantados su extensiones de tierra y a apuntar al mercado externo mientras los indios, en algunos sectores, y los esclavos africanos, en otros, hacían el trabajo. En el norte, en cambio, los nuevos propietarios de la tierra la trabajaron con sus propias manos, talaron las selvas, empezaron a realizar manufacturas y construyeron una red para intercambiar productos entre sí. Los peregrinos anglosajones dieron nacimiento a un floreciente capitalismo industrial; las élites del sur se dedicaron a disfrutar el regalo de la naturaleza abrazando con pereza y codicia el subdesarrollo que todavía hoy nos esclaviza.
Así lo vio Juan Bautista Alberdi: "La América que da frutos sin trabajo y sin cultivo, será poblada por ociosos y por esclavos, explotada por otros ociosos usurpadores. Dichosos los suelos que tienen por morada un suelo pobre. Todo está compensado bajo el sol: el suelo pobre produce al hombre rico."

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