"La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie." José Martí

Sunday, December 25, 2005

Llinguel bels

Gracias a la moderna medicina obstétrica pasé la Nochebuena sentada en la mejor silla de la casa, cómodamente instalada sobre almohadones, y rodeada de comida. Confirmado: no hay como estar embarazada, y bien panzona, para ser malcriada sin morir de culpa en el intento. Además, quisieron los dioses de la previsión y el dinero que mis tíos más organizados sean los que tienen hoy la casa grande, por lo que este año por fin hubo lugar, platos y comida suficiente para albergar el espíritu festivo y el hambre navideña de 43 comensales. Como no nos tocó protagonizar el habitual espectáculo de la lucha por la supervivencia, con decenas de manos aferradas al mismo pedazo de carne en disputa darwinista, y como las dos neuronas que no tengo dedicadas a este asunto que flota en mi líquido amniótico estaban disponibles, me dediqué a mirar. Ahhhh, mi mayor talento, la observación, y delante mío mi familia materna a pleno, una panacea de lugares comunes y candidatos al diván, belleeeeza para esta narradora....

Primero, mis grandes enemigos, los petardos, cañitas, y otras mierdas ruidosas. No, el jardín es ignífugo, ese no es el problema, pero ya no soporto las explosiones como banda de sonido constante mientras una trata de hilar una conversación con aquel primo al que no ve nunca. “Yo voy a trabajar en subteeee” “¿En quéeeee?” “¡¡En subte!!” “¿Línea Eeeee?” “Noooo, la Ceeeee” “¿La Beeeee?” ¡¡¿Pendejos, pueden aflojar con los petarditos, queridos?!! Claro, entiendo por qué pasa esto, además del obvio hecho de que estoy envejeciendo. Cuando los primos que tienen mi edad y yo éramos chicos, nuestros padres afrontaban problemas existenciales y divorcios antes de los 25 años. Estaban todos demasiado ocupados en definir la razón de su vida como para controlar que los chicos termináramos la Navidad con 10 dedos cada uno. Entonces, cuanto más lejos pudiéramos hacer nuestras pruebas piromaníacas de reventar botellas y porteros eléctricos, mejor. Ahora, la multitud de pendejos sub 15 que pulula en cada celebración tiene padres que afrontan los mismos problemas existenciales y divorcios, pero después de los treinta. Y ya encontraron la razón de su vida: “si no fuera por mis hijos, no sé qué sería de mí...” Resultado: con un jardín que para los tiempos que corren parece un latifundio, los nenes tiran los cohetitos al ladito de la ventana, bien controlados por mamá y/o papá. El que quiera charlar sin ruido, que se vaya al fondo del terreno, nomás. Che, yo voy a ser una mamá treintañera, así que mi vástaga probablemente integrará el grupo de malcriados desde la Navidad 2006, ¿no? Recuérdenme comprarle las estrellitas silenciosas....

Con el lechón y la pavita en el recuerdo, llegan las 12. La obediente madre en reposo se instala en el jardín (la pucha que hizo frío), sentadita y abrigada, a mirar el show del Papá Noel de turno. Definitivamente, en mi familia hay un quilombo bárbaro con los nombres. Por ejemplo, hay demasiadas Victorias, y no victorias lamentablemente. Victorias. Mi prima de 25 que vive en España es la tradicional, la novia de mi primo que apareció en el último lustro ya se estaba ganando un lugar, y ahora apareció la mía, todavía muy cómoda con las patas en mi estómago pero ya merecedora de regalos. Ojo, el problema es más grave: tenemos tres Patricias, dos Lucas, dos Martines y una Martina, un Angel, una Angeles y una Angela, dos Julios, y para complicarla más, los impronunciables primos franceses, Guillaume y Etienne. Así que el falso barbudo vestido de invierno se las vio negras para embocar algunos regalos en medio del remolino de niños y púberes que lo acosaban para ver qué les deparó el espíritu navideño esta vez. Haciendo gala de poca astucia, don Papá Noel y sus ayudantes levantaban un paquete con evidentes signos de envolver un peluche con cascabeles y decían “para Vicky que está en Españaaa, quién se lo guarda...” Desde mi reposera en un rincón, me la pasé a los gritos: “Victoria es mi bebé, Victoria es mi bebéeee...”. La niña hasta me ligó una remera escotada de Akiabara talle M, pero en mi familia no son tan previsores, era de la Victoria número 2, y en sus manos terminó. ¿Tantas Victorias habrá en el mundo? ¿Le pongo Eulogia para darle un poco de individualidad?

Por fin, una vez, mi pobre madre acertó un regalo para hombre. Claro, mi primo la acompañó a hacer su ronda de consumo pre festivo, así que mi Damián esta vez ligó una remera no sólo usable, sino hasta linda. Basta de camisas Polo y chombas Lacoste por esta vez, que la nena no se casó con un ejecutivo de cuentas sino con un eterno adolescente de la indumentaria, como ella. En mí, en cambio, otra vez gastó una fortuna sin demasiado sentido. Hay una razón por la cual llegué a los treinta años sin tener aros de cristal de Swarosky, mami. “¡Me di cuenta que no tenías aros paquetes, así que te los compré yo!” Y bueno, Papá Noel me trajo joyas. Eso de tener una hija zurda, futbolera y punk no es para mi distinguida mamá.

Mi prima, en cambio, ella sí que es gente como uno. Está haciendo una interesante carrera empresarial, y seguramente el día de mañana la que tenga la casa grande en el barrio cerrado será ella, pero hay que bancarse a sus novios yuppies. Mamita. El de este año, zafó: no emitió palabra en toda la noche. Perfecto, traete de estos siempre. El del año pasado....Era mexicano, el chico, con un buen puesto en una multinacional del Distrito Federal. Para encontrar algo de qué hablar con un ser de esta calaña, arranqué por elogiar su país, tierra de la que me enamoré recorriendo la selva de Chiapas con los descendientes de mayas que reivindican cada pedacito del terreno que los alimenta hace siglos. “Sí, México es un gran país”, me dijo el aspirante a garca corporativo. “Lástima que habría que deshacerse de algunos millones de habitantes”. Ommmm, calma, que es noche de paz, noche de amor. “Ehhh, me voy a ver si mi mamá necesita ayuda con la comida, permiso....Un gusto, eh”.

¿Vieron la propaganda esa de teléfonos en la que se describe una típica Navidad familiar argentina? Bueno, casi todos deben encontrar puntos en común con su propia celebración. En nuestro caso, no solamente nos falta el abuelo que casi llegó a los cien dejando en este mundo una decena de hijos. También falta un chico de 23 años, técnicamente mi hermanastro, que fue asesinado de un tiro en la cabeza hace 20 meses. Nuestros padres tienen una relación amorosa desde hace 17 años, pero yo lo conocí envuelto en una mortaja y con una falsa expresión de paz. El novio de mi mamá vivió la Nochebuena con la mirada perdida, los regalos sin abrir y los ojos llorosos, seguramente pensando, otra vez, por qué a mí....

¿Qué más? Mi tía cantó villancicos, mi papá preguntó dos veces “¿quién habla?” cuando le dije “hola pá” en el teléfono (muy linda la propaganda de la que hablaba, pero los celulares en Navidad son el enemigo), los amigos de lo ajeno de Iberia nos afanaron el PlayStation 2 que le encargamos a mi tío francés y Damián se quedó sin su pedido a Papá Noel, mis numerosos familiares médicos me convencieron de darme la epidural para el parto, los chicos lloraron por turnos un buen rato, y el manicomio navideño de los González de triple apellido cerró hasta el año que viene.

Ufa, todavía faltan 364 días para Nochebuena...

4 Comments:

Blogger MdMb said...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!
Sencillamente (y con absoluta franqueza), lo mejor que he leído en un blog desde que tengo memoria (bueh...el de Melissa Auf der Maur también está muuuuy bueno, pero son cosas diferentes). Tenés que escribir más seguido. Aunque estés encerrada en tu casa, escribí sobre las horas de tele que tenés que tragarte! No desaproveches el ojo crítico.
Muy simpático el novo de tu prima, no? :P

8:24 PM

 
Blogger anki said...

Bueno, gracias.
Por culpa de tu hermanito, en parte ahora vos adoptaste esta familia loca también. :-P

2:08 PM

 
Blogger stay free said...

A ver cuando actualizamos el blogete

7:25 AM

 
Blogger MdMb said...

Mi "hermanito" ya es flor de boludón (con todo el cariño y el enoooorme respeto que me merece...no estoy siendo irónico, lo juro), así que sabrá tomar buenas decisiones. Si dudara de él...estaríamos en el horno.
Además, cuántas probabilidades hay de que lleguemos a compartir una mesa navideña??? Seamos realistas. Acá somos 4 gatos locos y ponernos de acuerdo ya es un tema...
Tú concentrate en la caída del lanugo. Para Navidad falta muuuucho. =P
Besos.

10:18 PM

 

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